¿Por qué la Iglesia está preocupada por la situación de la familia?
Está preocupada desde siempre pero en este momento el Episcopado Argentino nos va orientando porque es cierto y evidente que la situación argentina, en relación con la familia, le llama la atención. Que sepamos, no se ha dado ni se está dando en ningún país europeo, una forma legislativa de modificación del derecho vigente sobre la vida, el matrimonio y la familia, tan alejada de la tradición cristiana, como la actual. Este asunto, que es un problema de muchos países, se convierte en estos días en un tema clave en Argentina. Gracias a Dios, en nuestra Parroquia, existen personas muy comprometidas con este tema.
¿Hay más razones para reunir a la familia cristiana?
Hay suficientes motivos, porque el matrimonio pero también la vida están amenazados. La vida del ser humano nace en el corazón del matrimonio. En esa bellísima realidad del amor conyugal entre un hombre y una mujer, se da pie al nacimiento de la familia. La familia es la comunidad donde se abre la posibilidad de que el hombre aprenda las variantes más hondas y más fundamentales de la experiencia del amor, de un amor gratuito. Toda esa pedagogía viva del amor, tiene en la familia un lugar imprescindible e insustituible.
¿Qué siente, cuando ve a estas familias participar en la misa, pese al mal tiempo?
Se tiene la vivencia de la Iglesia Parroquial en plenitud. Eso es la Iglesia. Ese acto de refleja toda la profunda verdad de la vida y de la realidad de la Iglesia. Expresa , comunica y testimonia al hombre y al mundo, cuáles son sus deseos y cuáles las fuentes de su vida y, qué ofrece la Iglesia al hombre. La presencia de los católicos hoy es un acto de amor a Dios y nos recuerda que hay seriedad en la protección de la familia y de la vida.
Hoy se intenta llamar matrimonio a las uniones homosexuales y se pretende también convertir el aborto en un derecho. ¿Qué hay detrás de estas propuestas?
Hay ciertamente una visión del hombre puramente materialista y sin trascendencia, que ha llegado a convertirse en una teoría antropológica y psicológica muy dominante, favorecida por todo este tipo de acciones políticas y jurídicas que responden a la llamada Teoría de género, para la que ser hombre o ser mujer es de un significado sin fundamento en el ser del hombre. Uno puede elegir ser hombre o ser mujer según las circunstancias históricas y culturales que han labrado y formado la historia de la persona. Esa teoría es la que se quiere implantar y no sólo teóricamente, sino también en la práctica diciendo a los jóvenes y a los niños que hay que “hacer opción” de su condición humana en lo sexual, como si eso no tuviera nada que ver con la sustancia de su ser personal.
Entonces, ¿una determinada legislación puede cambiar la mentalidad de una sociedad…?
Una legislación nunca puede cambiar totalmente a una sociedad. La realidad del hombre y de lo humano es mucho más fuerte que cualquier legislación y todo el ordenamiento jurídico de ella resultante. Al final todo proceso histórico, cultural y jurídico que no responde al bien fundamental y a la verdad del hombre, fracasa. Las leyes humanas pueden causar mucho dolor y sufrimiento pero, al final, se impone siempre la verdad y el bien del hombre.
¿Cómo está afectando la crisis a la familia?
La crisis la está afectando mucho, sobre todo cuando se producen situaciones de pérdida de empleo. Las consecuencias son muy graves porque las expone a una situación de carencia fundamental que les impide poder responder a una necesidad vital como es la de alimentar y educar a los hijos. Eso es ocasión para que surjan problemas y sean motivo de rupturas familiares y de sufrimiento indecible para los hijos. Al final son los niños y adolescentes las víctimas más inocentes y menos culpables y más directamente afectadas por esas crisis de los matrimonios.
En este tiempo, ¿Qué le pide a Dios para sus parroquianos?
Que crezcan la fe, la esperanza y la caridad en el corazón de la gente, de los niños, de los jóvenes, de las familias, incluidos los abuelos y, que consuele mucho a los que están sufriendo en el alma y en el cuerpo. Y luego, que Dios suscite la caridad cristiana también en ese país de pobreza y de dolor que nos rodea a causa de lo que llamamos crisis económica.
Ruego que el llamado de los obispos Argentinos resuene en la “la conciencia de nuestros legisladores para que, al decidir sobre una cuestión de tanta gravedad”, como lo es la familia y la vida, espero que ellos “tengan en cuenta estas verdades fundamentales, para el bien de la Patria y de sus futuras generaciones”, y exhorto a los católicos a que, en el marco del bicentenario patrio, recen –como nos piden nuestros Pastores- “intensamente a Dios Nuestro Señor para que ilumine a nuestros gobernantes y especialmente a los legisladores” y que “no vacilen en expresarse en la defensa y promoción de los grandes valores que forjaron nuestra nacionalidad y constituyen la esperanza de la Patria ”.
Silvia Susana García
Prensa y Difusión Parroquia “San Antonio de Padua”
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