La intendente, Blanca Beatríz Pintos, encabezó la comitiva de autoridades que participó del Tedeum del 25 de Mayo del Bicentenario, que fue oficiado por el Cura Párroco presbítero Pedro Roberto García, y marcó el inicio de la jornada patriótica con una convocatoria a la unidad social y la necesidad de una actitud de grandeza que requiere la situación actual.,
Desde el altar, el párroco saludó a las autoridades y los ciudadanos, transmitió en usu homilía que “l a celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. “
Blanca Pintos estuvo acompañada por el viceintendente Gustavo Sabio parte del gabinete municipal, estando presentes también concejales, el Diputado Nacional Ing. Alfredo Fernández la diputada provincial Silvia Recalde , miembros de la comunidad.
Al finalizar el Te Deum, las autoridades se trasladaron hasta la Plaza Libertad , llevando una gigantesca bandera nacional, lugar donde delegaciones escolares, civiles, militares la ciudadanía que se dio cita esperaba celebrar el acto central por el Bicentenario de la Patria
Homilía del Padre Pedro Roberto García, en el Tedéum del 25 de Mayo de 2010
Srta. Intendente de Gdor. Virasoro, Prof. Blanca Beatriz Pintos
Sr. Vice-Intendente Ing. Gustavo Sabio
Sr. Presidente Honorable Concejo Deliberante y Sres. Concejales
Sr. Diputado Nacional Ing. Alfredo Fernandez
Sra. Diputada Provincial Ing. Silvia Recalde
Autoridades Judiciales, Policiales, Militares y de Seguridad
Señores representantes de las instituciones de la Comunidad de Gdor. Virasoro
Señoras y Señores
Queridos hermanos y hermanas:
Una vez más nos congrega, en nuestra Iglesia Parroquial, la celebración del solemne Te Deum en la el Bicentenario de Patria, el día en que destacamos el aniversario del nacimiento de la patria, el 25 de mayo de 1810.
Ante todo, el Te Deum no es ni debe convertirse en un acto político, en un evento social o, quizá, meramente cultural. El Te Deum es un rezo, es una oración privilegiada, arraigada en la historia de la Iglesia y de los pueblos cristianos desde sus primeros siglos y enraizada, entrañablemente, en los acontecimientos más importantes y significativos de nuestra historia patria.
Esta oración de alabanza nos lleva a expresarle a Dios las actitudes más nobles y hondas que sus criaturas podemos manifestarle, y, simultáneamente, nos beneficia a cuantos participamos de su significativa realización para proyectar esas actitudes a todas nuestras relaciones sociales.
Los objetivos que nos proponemos son -ante todo- el de orar por nuestra Patria; también el de reflexionar acerca de su situación; el de reafirmar nuestros propósitos para con ella y sobre todo el de ponerla nuevamente bajo la protección maternal de María Santísima.
Queremos que nuestra oración sea en primer lugar una acción de gracias por los ricos y variados dones con que Dios nuestro Señor ha embellecido a la Argentina. Su territorio, diverso, bello y abundante en recursos de todo tipo; sus tradiciones y culturas, portadoras de nobles valores, forjadas por el aporte comprometido y generoso de los que nos precedieron.
Damos gracias también por todos los argentinos, pasados y presentes; por los pueblos originarios, por quienes vinieron desde la Madre Patria y por las diversas corrientes inmigratorias, y especialmente por aquellos con quienes compartimos hoy la noble y hermosa tarea de construir la Patria.
Nuestra oración agradecida nos brinda, además, la ocasión para examinarnos y preguntarnos cómo administramos los dones que Dios en su bondad nos ha concedido. ¿De veras nos reconocemos hermanos con nuestros conciudadanos? ¿Respetamos las instituciones que hemos sabido darnos y que rigen nuestra convivencia democrática? Junto a hermosos ejemplos de convivencia responsable, armoniosa y solidaria, muchas veces sin embargo observamos la desvalorización y el descuido de las instituciones y pareciera también que lo que prevalece entre nosotros es la incomprensión mutua que frecuentemente se hace intolerancia y llega incluso a la agresividad.
¿Cómo administramos la herencia de tradiciones y culturas recibidas de nuestros mayores y constituidas por notables valores y actitudes virtuosas? Si bien es cierto muchas veces tratamos de conservarlas y enriquecerlas, sin embargo, otras tantas las desperdiciamos y las socavamos dejándonos fascinar por propuestas huecas, superficiales o directamente dañinas que nos dejan con las manos vacías, empobrecidos a la hora de transmitir alguna riqueza moral y espiritual a los jóvenes y a los niños que son el futuro de la Patria.
¿Cómo cuidamos y preservamos el medio ambiente? Con una creciente sensibilidad con respecto al mismo, pero muchas veces malgastándolo con un uso irresponsable y falto de solidaridad para con nuestros conciudadanos y para con nuestra posteridad.
La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.
Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios”. Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.
La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.
Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre”. Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.
Nuestro examen sincero no debe sumergirnos en el desaliento y mucho menos en la desesperanza. Al contrario, debe servirnos de aliciente para renovar el compromiso con nuestra Patria. El evangelio que acabamos de escuchar nos traza un camino posible, exigente y atractivo a la vez.
Jesucristo, el Señor de la historia, nos acompaña, nos asiste con su gracia y nos anima. Al Él queremos decirle confiados: “te necesitamos”. Ayudados por Él nos animamos a soñar con una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Que así sea.
Que este solemne Te Deum nos ayude a alabar a Dios y, al mismo tiempo, a suplicarle, a pedirle, a agradecerle, a disculparnos de nuestras debilidades y errores, y a confiar en Él. Y que también nos purifique el corazón para que podamos proyectar estas actitudes, en un diálogo fecundo, a nuestros seres queridos y a nuestra patria toda.
Que así sea. ¡Feliz día de la Patria !
Pbro. Pedro Roberto Garcia |