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La región donde
está inserta la localidad correntina de Virasoro, constituye
un área geográfica con un contenido histórico-cultural
muy particular. Fundamentalmente si consideramos el hecho de que dicha
región históricamente formó parte de la Provincia
Jesuítica de Misiones, un ámbito con una identidad cultural
claramente definida, que comprendió a territorios que hoy forman
parte de los estados nacionales de Argentina, Brasil y Paraguay.
Pero si evaluamos el área desde una perspectiva mas integral,
advertiremos que a aquella Provincia Jesuítica de Misiones, la
precedió una ocupación guaraní que se remontaría
a unos 10.000 años atrás. Esa ocupación prosperó
y se desarrolló hasta el siglo XVI, momento en que los primeros
europeos comenzaron con el proceso de conquista y colonización
en las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay.
Durante el siglo XIX, desintegrada la unidad de la histórica
provincia guaranítica de Misiones, después de la expulsión
de los Padres de la Compañía de Jesús, el área
nordeste de Corrientes se convirtió en una zona conflictiva y
disputada por la Argentina y el Paraguay, mas aún cuando no existían
límites precisos en la región.
La ocupación humana y el consecuente impacto sobre el medio geográfico
fueron intensos en esta área. Los relictos que se hallan dispersos
evidencian la acción cultural del hombre sobre el medio desde
los tiempos precolombinos hasta finales del siglo XIX.
Breve reseña histórica
La ocupación efectiva de esta región fue un hecho que
se concretó recién a partir de 1604, con la creación
de la Provincia Jesuítica del Paraguay. Aún entre los
años 1604 y 1650, la ocupación y el poblamiento de la
zona fueron prácticamente nulos.
Es durante la segunda mitad del siglo XVII, a partir de los asentamientos
definitivos de las reducciones de San Carlos, San José, Apóstoles
y Santo Tomé, que la región nordeste de la actual provincia
de Corrientes comenzó a ser ocupada, con el establecimiento de
estancias ganaderas.
La presencia jesuítico-guaraní generó una compleja
infraestructura de soporte de las actividades agropecuarias que se realizaban
en la región. De ese modo surgieron caminos, capillas, puestos
de estancias, corrales, zanjas divisorias, canales de drenaje de zonas
anegadizas, rancherías para los indios estancieros, "pasos"
en los arroyos.
Todo el sistema productivo organizado durante el período jesuítico
comenzó a entrar en crisis luego de concretarse la expulsión
de la Compañía de Jesús en 1768. A partir de aquel
momento las estancias comienzan a decaer por la deficiente administración
de los pueblos misioneros. Muchos guaraníes que comenzaron a
abandonar los pueblos, terminaron estableciéndose en los campos
del nordeste correntino, del mismo modo que lo hicieron españoles,
criollos y mestizos.
Con el movimiento revolucionario de mayo de 1810, se generó una
nueva realidad para el área misionero-guaraní. El general
Manuel Belgrano, en su expedición al Paraguay, cruzó con
un ejército por la zona, llegando hasta el poblado misionero
de Candelaria. El tratado que firmó el prócer con el Paraguay
en 1811, reconociendo la jurisdicción del Paraguay sobre la orilla
izquierda del Paraná, dejó abierta la puerta para futuros
conflictos.
Durante el período 1815-1819, la zona fue escenario del cruce
de ejércitos y de batallas. Mientras Andrés Guacurarí,
íntimamente ligado al movimiento artiguista intentaba reorganizar
y recomponer el fragmentado espacio de la antigua provincia jesuítica,
paraguayos y portugueses invadían, destruían e incendiaban
todos los pueblos misioneros y los establecimientos de las estancias
ubicadas entre el Paraná y el Uruguay.
Transcurridas aquellas guerras, los guaraníes intentaron crear
algunas poblaciones en torno a los cascos de las estancias. Así
surgieron a orillas del río Aguapey los poblados de Concepción
y Caá Caraí, que tuvieron una existencia efímera,
ya que durante el período 1822-1823, fueron destruidos por una
incursión de tropas paraguayas que asoló a toda la región
septentrional del Aguapey hasta el sitio de la Tranquera de Loreto,
es decir la actual Ituzaingó. Simultáneamente la provincia
de Corrientes comenzaba a pretender el reconocimiento de derechos sobre
los territorios misioneros ubicados mas allá de la Tranquera
de Loreto y al oriente de los esteros del Iberá.
Desde el año 1830, Corrientes comenzó a ocupar de hecho
los territorios, adjudicando estancias en calidad de enfiteusis (arriendo).
Al mismo tiempo brasileños cruzaban la región, asentándose
en la zona. Los paraguayos por su parte establecieron la ruta comercial
que unía la Trinchera de San José (Posadas) con Puerto
Hormiguero, ubicado sobre el Uruguay, en cercanías de Santo Tomé.
En el paraje de San Alonso (a pocos kilómetros de la actual localidad
de Gobernador Virasoro), de dicha ruta se desprendía un ramal
que llevaba a otro puerto sobre el Uruguay, el de Garruchos.
Las críticas relaciones entre la Confederación Argentina
y el Paraguay, llevaron a que en la década de 1830, toda el área
fuera prácticamente despoblada, quedando bajo el control militar
del Paraguay. Esta situación se mantuvo hasta el año 1865,
en que estalló la guerra de la Triple Alianza. Nuevamente esta
zona fue escenario del cruce de los ejércitos del Paraguay y
de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay). Se produjeron también
algunos encuentros armados en el área, durante el avance de las
tropas aliadas.
Finalizada la guerra de la Triple Alianza, en 1870 y al definirse la
jurisdicción territorial argentina, sobre los territorios de
las antiguas misiones ubicadas entre el Paraná y el Uruguay,
comenzó una etapa de poblamiento intensivo de la región,
que avanzó desde Santo Tomé siguiendo la costa del río
Uruguay y hacia las nacientes del río Aguapey. Un poblamiento
que se concretó en función de la explotación ganadera
de la región, una actividad que cimentara la moderna organización
socio-económica del área.
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