|
La
fabulosa herramienta que representa Internet, me permitió
compartir un diálogo riquísimo, producto del artículo
publicado en el mes anterior (Un Camino a la Ilusión).
Ese diálogo se traslado a una mesa que exhibía una
apetecible cena. Seguramente muchos de ustedes hacen lo mismo,
en alguna cena o en algún almuerzo con familiares o amigos.
Hablar
de diferentes temas que van desde el equipo de fútbol ideal
para la selección Argentina, el clásico Boca - River,
el enfrentamiento del gobierno ante el campo, el tren bala, la
erupción del volcán Chaiten, la Tinellización
de la televisión, algunos problemas laborales, (depende
siempre del grado de confianza y la persona con quien estemos
en ese momento), y por ahí alguno pregunta, preocupado,-che;
¿se enteraron de la tragedia en China? y en el otro costado
de la mesa, amplia como un país, algún tío
o amigo idealista dice (con poco fundamento) -¡Aguante Chávez!.
A
su vez, la crítica de la política exterior de Bush
y de los Estados Unidos como Imperio contemporáneo, se
pone cada vez más tensa, expresada en el vocabulario de
alguna tía, que deja fluir sus pensamientos sin pelos en
la lengua. Y que se ataje Bush
La
temática puede ser sumamente amplia y seguramente a ustedes
se les ocurrirán innumerables cuestiones más. Gracias
a Dios todavía conservamos esta hermosa tradición
que nos permite sentirnos; Aristóteles, Adam Smith, Carlos
Bianchi y Andrés Repetto al mismo tiempo, solo en un par
de horas y bajo un mismo cuerpo.
Retomando
el momento del diálogo, en todas las mesas existe una razón
ineludible, que es la Educación y en la actualidad se suman
a la cuestión; los valores.
Hablar
sobre educación y valores es un asunto que a todos nos
gusta hacerlo. En este caso es inevitable la comparación
pasado - presente.
En
aquella noche lluviosa de viernes, la charla no fue tan variada,
pero si se hizo mucho énfasis sobre la educación
y los valores.
Recuerdo que comenzamos hablando de algunas cuestiones personales
y luego rápidamente nos introducimos en el tema central.
Resumiendo, en esa charla se volvía a comparar el pasado
con el presente y decían por ejemplo;
- Los jóvenes de hoy no respetan nada.
Recordaban
los presentes en la cena casos particulares de jóvenes,
que por cierto, todos eran negativos, y de los cuales voy a mencionar
los siguientes:
El primero contaba que en una conversación de mayores,
interrumpe un adolescente sin pedir permiso y reclamando enfáticamente
a su madre la llave de su casa, ya que él había
perdido la suya, en un acto de irresponsabilidad. El comentario
fue:
- Sí yo llegaba a hacer eso. Ahí nomás me
daban un sopapo y chau
Otra
anécdota de esa cena era:
- El otro día iba viajando en un colectivo y en una parada
sube una embarazada. El colectivo estaba lleno de adolescentes
que volvían de la escuela. Y ninguno de ellos le dio el
asiento a la embarazada.
Estas
anécdotas, se diluyeron en el tiempo y ya la noche se hizo
día, pero siguieron rondando en mi cabeza. Las razones
pueden ser que también pude percibir varias veces estos
casos y tal vez fui el protagonista malo que contaban las anécdotas.
Pero
en uno de mis trayectos cotidianos, transitando por las calles
de mi ciudad. Observé una situación que me causó
una enorme satisfacción espiritual.
En
una calle de tierra, cuatro chicos de aproximadamente 13 (trece)
años, comenzaban a discutir y de repente tres de ellos
se abalanzaron sobre el restante. Entre corridas surgió
de entre una muchedumbre expectante un señor, que gesticulando
y hablando en un tono elevado, impidió que continuase la
gresca. Pero no terminó ahí. Los reunió y
les hablo de valores, los escuchó y les solicitó
que nunca más vuelvan a solucionar sus problemas de esa
manera tan violenta.
Como
paso todos los días por el mismo lugar, un día me
detuve a conversar con este héroe anónimo, que estaba
distendido cerrando el portón de maderas de su casa humilde.
Con mucha curiosidad y admiración le pregunte ¿por
qué había hecho eso?... Previa presentación
y remembranza del acto acontecido.
-
Los chicos de hoy lo necesitan - me contestó
-
¿Y usted no tiene miedo de qué esos mismos chicos
lo hieran o rompan algo de su pertenencia? - Indagué nuevamente.
-
Ni siquiera lo pensé. Contestó con una sonrisa de
costado y agachando su cabeza hasta esconderla en sus hombros.
Y agregó
-
De vez en cuando los veo pasar y me saludan muy amablemente. Hasta
el otro día, a mi hijo mayor se le cayó una gorra
del auto y no nos dimos cuenta. Esos mismos chicos pasaban casualmente
por enfrente de mi casa y se acercaron y devolvieron la gorra
a mi señora.
Felicité
al señor estrechando su mano y me despedí con nuevas
incertidumbres.
Este señor, que seguramente esta lejos de ser el buen Samaritano,
había logrado un cambio de actitud en los jóvenes,
sin ser Freud, y se lo notaba tranquilo y pleno por su acto.
Volviendo
a la cena del inicio y concretamente a las anécdotas. Me
pregunto nuevamente ¿por qué no hay tantas personas
que se involucren directamente con determinados problemas?
¿Qué
hubiera pasado si al joven de mal comportamiento con su madre,
le hubieran dicho que así no se trata a la persona más
importante que tenemos en nuestras vidas?
¿Qué
hubiera pasado si al chico del asiento del colectivo le decíamos,
amablemente, le podes dar el asiento a la señora embarazada?
Seguramente
desde este espacio es muy fácil decir, porque no estuve
en la situación concreta de las anécdotas
pero si a todos nos gusta hablar de educación y valores,
¿por qué no actuamos y nos comprometemos realmente
con esta situación, a veces, nefasta que nos toca vivir
hoy en día en nuestro país y que se ve potenciada
por la influencia de los medios de comunicación?
Todos
podemos educar, desde el lugar que nos toque dentro de la sociedad,
pero también, todos podemos ser educados, inclusive el
mejor de los maestros. Y los valores no se pierden con el tiempo,
solo de vez en cuando hay que sacarlos a relucir, como a la ropa
de invierno en tiempos de frío.
|